Columna dominical: Diario La República.  domingo 18 de mayo de 2008

SANA MENTE

¡ Solo a mí me pasan estas cosas…soy un desgraciado!

 Caso

 Pablo está temblando, sabe que fue sin querer, pero ahí, delante de sus ojos está la prueba de su torpeza. El vino parece más rojo que nunca y los mil pedazos de vidrio lo apuntan acusadores. ¿Qué excusa hay  para tamaño desastre?. ¡Es imperdonable! ¡Ya vas a ver…! ¡Inútil, bueno para nada! . Los insultos y maldiciones resuenan es sus oídos. Pablo traga saliva y sus esfuerzos por evitar el llanto no consiguen reprimir las lágrimas que se esmera en secar con la manga de su buzo. Pablo sabe que en el apuro por cumplir la orden de su padre, tropezó y sucedió el “desastre”. Estaba “apurado” y quería evitar que le gritaran como siempre “a ver si esta vez haces las cosas bien…” . No pudo evitarlo, como tampoco que sus  manos temblaran y su corazón galopara intentado salir de su pecho. . Cuanto más se esforzaba por cumplir con una orden, peor le salían las cosas. Como ayer en la escuela  cuando la maestra le pidió que pasara al frente. Había estudiado mucho, justo esa pregunta de historia, sin embargo ahí quedó parado como una estatua, sin poder articular una palabra. Solo los ojos húmedos y una vergüenza que le invadía la cara… Y luego el comentario “debes esforzarte, si sigues así vas a repetir el año”. Quería gritar la respuesta y solo consiguió sentir un nudo en la garganta. Cabizbajo se sentó en su banco pensando que era verdad lo que le decía su padre: “nunca te sale nada bien, eres  torpe,  inútil y hasta tu hermanito hace todo mejor que tú”. Pablo veía que sus compañeros, siempre tenían una respuesta para las preguntas de la maestra, aunque no hubieran estudiado. Mientras él, quedaba parado, mudo y temblando. Su desconsuelo desaparecía cuando se quedaba en casa de la abuela. Ella era muy buena. Tenían un pacto: la abuela le hacía los deberes para que no le dijeran “burro” a su nieto. “Pobrecito, el era solo un niño…”. Sin embargo Pablo sabía que su “felicidad” se terminaba cuando la maestra descubría que hasta los dibujos no eran suyos. Y otra vez la cara colorada, las manos sudorosas y la convicción de que en su vida nada bueno era posible. Era verdad, lo que todos decían: “pobre Pablo, nada le sale bien”.

 Comentario:

 La vida de Pablo adulto es fácil de imaginar.  Cada circunstancia de su vida confirmará su “incapacidad, torpeza, inadecuación”. Sus fracasos ya anticipados se confirmarán una y mil veces sumergiéndolo en un mundo de vergüenza, indecisiones e inseguridades por lo que intentará estar cerca de personas que lo “aconsejen” o “le planifiquen la vida y le digan que hacer”. Inevitablemente caerá en algún tipo de “dependencia”. “Algo o alguien” que “mágicamente” ahuyente sus temores y dudas, por las que estará dispuesto a pagar cualquier precio. Probablemente un trabajo rutinario le ayude a sentirse menos inseguro. Tal vez un jefe autoritario, que le diga permanentemente  qué hacer y cómo hacerlo, le evite tomar decisiones. Una esposa sobreprotectora completará el futuro de Pablo que intentará de este modo evitar fracasos, inseguridades y vergüenzas.   El precio que pagará en la vida por estas “aparentes seguridades” será quedarse sin descubrir su verdadero ser, sus potencialidades, sus gustos. El temor a tomar decisiones impide asumir que en la vida a veces las cosas no salen como se las planea y esto no quiere decir que todo va a salir siempre mal. El sentido fatalista de fracaso o incapacidad impide vivir la vida desde el protagonismo de asumirse con virtudes y defectos, con logros y fracasos. Aprender a superar la frustración desde pequeños es el mejor antídoto para el temor. La confianza en las propias posibilidades y capacidades es lo que no pudo desarrollar Pablo. Sin embargo nunca es tarde para recorrer este camino.  Aceptar la imperfección propia junto con la capacidad para mejorar, crecer y probar nuevas alternativas es un recurso a explorar. Algo muy valioso es reconocer el “logro”. Es decir descubrir cada pequeño avance, cada paso dado favorable y aceptarlo como propio. Especialmente disfrutar por haber conseguido dar ese nuevo paso, haber tomado esa decisión, haber emprendido un nuevo camino. Este encare aumenta la autoestima tan menoscabada en la vida de Pablo y se convierte en el motor que impulsa una vida saludable.    En la vida suelen existir circunstancias que replican en mayor o menor medida la vida de Pablo. A este perfil de vida la he denominado “POQUI”. Es una forma de reconocer fácilmente que en algunas circunstancias ese personaje  se apodera de la vida, e impide tomar decisiones, desplegar todas las capacidades, asumir los desafíos, disfrutar de los logros personales. El temor por todo, la indecisión, la vergüenza, la inecuación son sus manifestaciones más características. Surge así una tendencia a autodestruirse y autocompadecerse sintiéndose “el pobrecito” al que “siempre” le sale todo mal. Para hacer que “poqui” deje de ser una forma de vida, es necesario alimentar la “autoestima”  reconociendo las cualidades personales y los logros que obtiene. Es posible así reconocer aquellos aspectos que uno puede mejorar sin sentirse disminuido. Se eleva la autoestima de una persona:  al elogiarlo por  sus logros y sus cualidades. Al respetarlo y no hacerlo objeto de burlas o bromas que lo interioricen, ni insultarlo o inferiorizarlo por algún defecto o error. Las dificultades o errores deben señalarse siempre acompañadas de la manifestación de confianza en la capacidad para superar la adversidad. La autoestima elevada alimenta la creatividad. Ayuda a superar las frustraciones y adversidades en mejores condiciones.

 La situación analizada corresponde a una ficción sobre hechos de la realidad de tal forma que cualquier semejanza es solo coincidencia                    

 ver otras novedades

TORRE DE LOS CAUDILLOS - Bvar. Artigas 1443 apto 301

Telefax:  +598-2-4099983  alm@adinet.com.uy

7 H