Columna dominical: Diario La República.  domingo 7 de setiembre de 2008

SANA MENTE

Porque te quiero te encierro

 Caso:

 María está cada vez más triste. Nada la motiva y sus días transcurren siempre iguales, encerrada en su casa. Sus amigas la han olvidado, tal vez porque nunca puede salir con ellas. Su memoria busca en el tiempo el momento en el que le pasó esto. ¿Dónde o cómo perdió su libertad?

 Parece que fue ayer cuando soñaba despierta mientras miraba a Carlos. Él la llenaba de mimos y halagos. Le compraba cuanta cosa quería. Es más parecía adivinar sus más mínimos deseos y dependiendo del dinero disponible hacía “milagros” para satisfacer sus caprichos. Llegó un momento en que alcanzaba que sus ojos se posaran sobre algún objeto en la vidriera para que a los pocos días apareciera Carlos sonriendo con “aquello” que suponía la haría feliz.

 Poco a poco Carlos se ha transformado de  “príncipe azul” en carcelero. María no puede salir sin pedir autorización a su esposo. Cada llamada, o salida debe ser explicada pormenorizadamente.

 El retraso en algún horario es causa de terribles discusiones que poco a poco pasaron a ser agresiones físicas. La desconfianza es la fuente de estas actitudes que María no consigue refutar por más que se desvive en explicaciones. Carlos controla cada una de sus palabras, miradas o acciones. En cada instante puede surgir la mentira o el engaño. Por ello está siempre vigilante.

 María teme que Carlos la vea saludando a algún vecino en el supermercado o en el ascensor del edificio, por ello intenta evitar las miradas de la gente aún en la calle. Cualquier actitud puede ser interpretada en su contra. Carlos está siempre atento, aún en su horario de trabajo. María recibe sus llamadas al celular varias veces en el día, con las preguntas que cada vez la irritan más: “¿Dónde estas? ¿Con quién estas? ¿Por qué te has demorado?”. 

 Cuanto más se deteriora la relación más arrecia el control sobre María. La conversación sobre una posible ruptura da origen a una amenaza que resuena en su cabeza: “nadie te querrá como yo”, “si no eres mía, no serás de nadie”,

 Comentario:

 Poco a poco Carlos a construido una “jaula de oro”. En nombre del amor ha establecido un control progresivo  sobre María. Se inició con los halagos de los primeros tiempos, hasta las llamadas inquisidoras y las agresiones del presente. La dulzura de entonces hizo que María no se diera cuenta de la red en la que estaba quedando atrapada.

 Ha caído en una trampa que hoy amenaza su vida. Los celos de Carlos han anulado en María la capacidad para cuidarse y poner los límites de respeto necesarios. Poco a poco ha dejado que su autoestima se deteriore soportando controles, desconfianza y agresiones.

 También en nombre del amor María se ha dejado atrapar en una situación insana cuya salida está bloqueada por las amenazas de Carlos.

 Por el contrario una relación saludable se construye sobre la confianza, el respeto y la libertad. El amor no “atrapa” por el control que se ejerce sobre la otra persona. Es la libertad de ser cada uno a su manera que “asegura” y renueva en cada momento la elección del ser amado.

 La necesidad de controlar surge de la inseguridad personal y la desconfianza en la propia valía. El temor a perder a quien se ama tiene como terreno fértil una muy baja autoestima. Por ello quien tiene celos requiere comprobar en cada instante la presencia  de quien dice amar. Su inseguridad no se aplaca con el verdadero amor, necesita comprobar y  poner a prueba a la persona amada. Se controla cada palabra, gesto y mirada, buscando descubrir el “engaño” que se teme.

 Inevitablemente el resultado es la destrucción de la relación que se intenta preservar. No es posible una relación saludable, de crecimiento para ambos miembros de la pareja y la infelicidad se instala.

 La persona celosa  siente  cada vez más desconfianza, oscilando entre el rencor y la rabia por perder a quien  ama. En ese encuadre la distancia afectiva de quien es celado alimenta la desconfianza, reforzando un círculo vicioso de más control, rabia, temor y presión.

 No existen argumentos ni se aceptan explicaciones que son refutadas con consideraciones seudo-racionales. Se encadenan hechos reales con interpretaciones, intuiciones o impresiones que obran de  “suficientes razones” con las que se alimentan los celos y se justifican venganzas.     

 El sufrimiento invade a ambos miembros de la pareja. El deseo de posesión de una parte y el de escapar para la otra, alimentan una relación muy patológica y difícil de quebrar.

 El amor posesivo se convierte en deseos de destruir a quien no corresponde a tales demandas. Por mucho tiempo se oscila en agresiones, disculpas y promesas que se quiebran por la imposibilidad de confiar. Las reiteran promesas se vuelven a perder en nuevas agresiones en una escalada que puede tener finales trágicos. 

 Preservar el respeto y la confianza aleja los celos y abona el verdadero amor. Si por el contrario la desconfianza, el control y la agresión son las monedas corrientes, es necesario evaluar cuan afectados están ambos miembros de la pareja. Quien cela y quien acepta esos celos aún en nombre del amor, está seguramente sufriendo o sintiéndose infeliz. Tal vez la intervención especializada pueda ayudarlos a acceder a niveles más saludables de relacionamiento.     

         La situación analizada corresponde a una ficción sobre hechos de la realidad de tal forma que cualquier semejanza es solo coincidencia                    

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