Columna dominical: Diario La República.  domingo 3 de mayo de 2008

SANA MENTE

 “No encuentro a mi príncipe azul….”

 Caso

 Marta es una bonita mujer que parece estar siempre joven. Los años no se notan en su rostro, sin embargo ella siente íntimamente su peso. Su vida está llena de reuniones de trabajo, horas de gimnasio y fines de semana con las amigas en algún boliche mirando al vacío. Hace ya bastante tiempo que sus sobrinos van tomando el lugar del sueño de sus propios hijos y su anhelo de formar una pareja se desdibuja en relaciones superficiales y efímeras. Semana a semana escruta el entorno en busca de alguien que se parezca aunque sea lejanamente a su “príncipe azul” ya que tiene muy claro que esos seres no existen. Ha conversado largamente con sus amigas,  “no hay que ponerse exigente”, no “hay nada que valga la pena en el horizonte”. Sin embargo interiormente oscila entre la renuncia de la vida en pareja y la posibilidad de “probar una vez más”, “Tal vez si aguanto algunas cosas…” . Sus esfuerzos por “adaptarse” a las más diversas situaciones  la llevan invariablemente a afirmar: “todos los hombres son iguales”, “mejor sola que mal acompañada”. Sin embargo su mirada aparentemente distraída no pasa nada por alto: “ese muchacho… no, ese no: es gordo, o es muy flaco, o es viejo, o es pelado, o no me gusta como se viste…” En fin, otro fin de semana y otra esperanza ahogada.  Cada vez su mirada está más fija en el vacío y se ha convertido en una experta en descubrir el motivo por el cual no vale la pena ni empezar a hablar. Su vida transcurre en el obstinado empeño de demostrar que una vez más tiene razón: “nada hay que valga la pena…” En forma insensible su rostro se va marchitando y sus ojos apagan su brillo.  El trabajo centra su vida y sus días quedan confinados a la rutina del trabajo a la casa. La dificultad para  hacer realidad un sueño de vida en pareja la sumerge en una frustración permanente. Cada pareja en la calle es fantaseada como un ideal vedado para ella. Se acentúa así  la distancia entre sus sueños y su realidad que se hace más intolerable y dolorosa.

 Comentario:

 ¿Es posible otra actitud para Marta? ¿Qué otras alternativas tiene?

Sin quererlo ha centrado su vida en la búsqueda de una pareja que invariablemente no aparece. Cada salida es la confirmación del fracaso de su búsqueda. Su actitud se ha congelado en un círculo vicioso del que pretende estar conciente, sin embargo no hace otra cosa que comprobar la inutilidad de esa actitud que baja su autoestima. Su habilidad para “desenmascarar” falsos príncipes le ha  debilitado su capacidad para disfrutar de las circunstancias presentes. Mientras analiza cada posibilidad pierde la espontaneidad de un disfrute saludable independiente de la búsqueda de pareja. Esa imposibilidad de divertirse o disfrutar el momento poco a poco se va notando en el rostro, en la mirada y en la actitud congelada de “estar por fuera de todo”  haciéndose  finalmente   visible a los ojos de los demás.  Marta ha construido su vida sobre un único fin: tener pareja y formar una familia. Su exigencia inicial ha dado paso a la frustración y la convicción de la “renuncia”. No ha podido abrir su mente a otros objetivos de vida y a otros proyectos. Cuanto más deseaba y luchaba por formar una pareja, más renunciaba a explorar paralelamente otros caminos. Estar cerrada a otros objetivos de vida le ha impedido generar alternativas que hoy serían fuente de realización. Por otra parte el pensamiento de Marta la hace caer en algunas trampas que la aprisionan mentalmente. “todos los hombres son iguales”, “mejor sola que mal acompañada, no hay nada que valga la pena”, etc : son expresiones que intentan justificar ante el mundo su imposibilidad de “tener” una pareja. Si fuera coherente consigo misma no debería preocuparse por esa carencia, ni   defenderse con la “caparazón” de la rutina. Por otra parte ¿por qué dedicar tantos esfuerzos en la búsqueda de un objetivo al que se le asigna “tan poca importancia”?. Estas paradojas atrapan el pensamiento y los sentimientos. Anulan la capacidad de curiosear por el mundo otros caminos, desear otros objetivos, tener satisfacción por los logros obtenidos. Y ahí una tercera trampa. En función de estas paradojas, ningún logro personal es valorizado como tal, por lo que “nada” es disfrutable. La satisfacción va desapareciendo de la vida cotidiana y poco a poco se instala el dolor por no alcanzar aquello que insistentemente se busca aunque se enuncia como imposible o sin valor.

La vida es como un camino para explorar  avanzando en una dirección. Cuanto más fuerza se tiene para imaginar el fin de ese camino, más fuerza se reúne para superar los obstáculos que se presenten.  Sin embargo, es imperioso tener un “plan B”, caminos alternativos y eventualmente objetivos alternativos. La vida transcurre en un entorno de incertidumbre, que se puede acotar en tanto la mente esté abierta a “otras posibilidades, caminos, objetivos, estrategias, etc”. La posibilidad de abrir esos otros caminos, contrarresta la frustración  animando a seguir adelante. Mantiene la capacidad de valorar los logros, aún los pequeños y cotidianos. Refuerza la autoestima y facilita una vida en la que la satisfacción por “vivir” sea un potente antídoto contra las “frustraciones”.

   La situación analizada corresponde a una ficción sobre hechos de la realidad de tal forma que cualquier semejanza es solo coincidencia                    

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