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| Columna dominical: Diario La República. domingo 12 de octubre de 2008 |
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SANA MENTE Cuando te miro y no te
reconozco… Caso:
Sin
embargo esta etapa de la vida puede transcurrir con un deterioro intelectual
acentuado que se conoce como demencia. Un porcentaje muy elevado de estos
procesos demenciales corresponden a la enfermedad de Alzeimer. En lo
práctico, en todo proceso de demencia se instalan progresivamente olvidos
relacionados con los sucesos recientes, por ejemplo desde no recordar lo que
se comió en el almuerzo hace un par de horas, hasta llegar a olvidar que ya
se almorzó y reclamar en forma airada la comida.
Paradójicamente la memoria de los hechos pasados se mantiene por más tiempo.
Asombra a la familia que el paciente que no recuerda lo que hizo hace un par
de horas, recuerda con detalle lo que pasó en su niñez. Inicialmente pueden
surgir “excusas” o explicaciones para estos olvidos que luego dan paso a
fabulaciones o pensamientos incoherentes.
Paulatinamente se va afectando el sentido del tiempo y del espacio y se van
perdiendo capacidades para la vida cotidiana. Todos estos cambios sorprenden
a la familia que no reconoce a la persona activa y plena que se conoció como
padre o madre. La
persona que hoy se tiene enfrente es solo reconocible en su aspecto
exterior. El mundo psíquico que da significado al aspecto físico de una
persona se va empobreciendo en un vaciamiento progresivo. De esta forma
lenta el ser querido va transformándose en un pálido reflejo de lo que fue,
para sorprender con las percepciones equívocas, los olvidos, la exitación
psicomotriz, la desadaptación social e incluso la incontinencia de
esfínteres. Esta
dolorosa realidad no debe hacer olvidar la necesidad de un acompañamiento
cariñoso que requiere ese ser que se pierde en los confines de un mundo
regresivo. Su dependencia llega hasta los mínimos cuidados de higiene y
obliga a cuidados permanentes. En
ocasiones por la vía de los hechos las personas allegadas suelen depositar
en una sola persona el cuidado del paciente. En este caso el agotamiento es
un futuro previsible, por lo que debe planificarse la rotación y el descanso
de quienes asumen ese cuidado.
Prepararse para no sentir desconcierto y sobreponerse al dolor de la pérdida
del ser querido, mucho antes de su verdadera partida es también parte de los
desafíos a enfrentar. El
proceso que lleva a la demencia nos lleva a una reflexión que aún obvia
tiene un profundo sentido de vida. La longevidad sin calidad de vida es una
cruel trampa del destino, que se evita en alguna medida, dando a cada
instante de la vida la mayor cuota de significado y de disfrute posibles.
No
existen garantías para el futuro; sin embargo mantener el cuerpo y la mente
activos es una forma de “asegurar” en cierta forma la mayor capacidad de
funcionamiento posible en cada circunstancia.
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