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| Columna dominical: Diario La República. domingo 6 de julio de 2008 |
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SANA MENTE Caso: Juana está asustada, hace meses que intenta cambiar como le dicen Carlos y sus compañeros de trabajo. Sin embargo cada vez se siente más pequeña, con menos fuerza. Todas las noches se acuesta pensando que mañana será un día mejor. Sin embargo al llegar la mañana la realidad le pesa sobre los hombros al punto de casi no poder salir de la cama. El espejo le devuelve la imagen de una Juana sin brillo en los ojos y con unas ojeras que no logra tapar ningún maquillaje. Sus pensamientos la torturan ya que quiere cambiar, salir adelante, “ponerse las pilas” como dicen los chicos. La casa se viene abajo, la ropa, los pisos sin lavar. Todo se hace cuesta arriba, parece imposible hacer la tarea cotidiana, cuidar la higiene y el arreglo personal adecuados para ir al trabajo. Y arriba caen las cuentas y más cuentas. El dinero que no alcanza, los chicos que no hacen caso y hasta Carlos que no entiende que Juana no puede con su vida, con las mínimas cosas. Carlos solo atina a recordarle que “querer es poder” y que solo debe proponerse ser la de antes, la que podía con todo y siempre con una sonrisa. Estas palabras solo tienen como respuesta angustia y lágrimas y Juana repite por lo bajo: “yo quiero, pero no puedo…” Comentario: Es cierto que hay circunstancias en las que “querer es poder”, sin embargo existen otras en las que no alcanza con querer para convocar esa fuerza necesaria para poder concretar aquello que se desea Esta fuerza conocida como voluntad es necesaria para superar dificultades u obstáculos que deben vencerse para conquistar los objetivos propuestos. Quien puede contar con su voluntad seguramente se encuentra en un estado de salud que le permitirá sobreponerse a obstáculos impensables. El estado de salud no es un estado de perfección al que acceden solo algunos. Todas las personas, no importa su condición o circunstancias poseen algún grado de salud, por ello pueden apelar a su voluntad que les permitirá sobreponerse a sus circunstancias. Sin embargo hay ocasiones en que la voluntad no acude al llamado tal como le ocurre a Juana. La vida se convierte entonces en una montaña de problemas que parecen imposibles de solucionar. Los mínimos deseos cotidianos se convierten en problemas sin solución o con soluciones que no se alcanzan ya que no está la “voluntad” para siquiera pensar en buscar soluciones. Cada situación que no puede resolverse se vive como una frustración imposible de superar que va sumiendo a la persona en un mundo de angustia, tristeza y desinterés. Estamos en presencia de un cuadro muy frecuente en nuestros tiempos: la depresión. El cerebro ha perdido el equilibrio de algunas sustancias – los neurotransmisores- imprescindibles para su funcionamiento. Son sintetizadas por el organismo en forma permanente y son utilizadas para absolutamente todas las funciones que comanda el cerebro: pensar, reir, sentir, desear, disfrutar, moverse, respirar, etc.. Todas las acciones cotidianas, desde las más mínimas hasta la respuesta a circunstancias críticas o estresantes están mediadas por esos famosos neurotransmisores. Esto quiere decir que cuando una persona no puede “poner voluntad” es debido a que los neurotransmisores que se requieren para ello no están en las cantidades adecuadas. Esa voluntad ausente no aparecerá por más que el entorno familiar y de amigos insista. Es un voluntarismo que solo consigue atormentar a quien sufre por no poder realizar aquello que quiere. Es similar al sufrimiento que tiene una persona que con una pierna fracturada quiere caminar y no puede. Solo que en este caso la explicación salta a la vista y el entorno seguramente lo tranquilizará asegurándole que una vez consolidada la fractura volverá a caminar. Nadie le pedirá que ponga voluntad para caminar con la pierna fracturada. En el caso de la depresión, como la alteración se da en el cerebro a nivel molecular, es invisible a los ojos de quienes con la mejor intención instan a poner la voluntad que es precisamente la que está enferma. La familia y amigos de una persona con depresión suele desconocer este hecho y por ello apelan a motivar a una voluntad que no puede responder. No es fácil comprenderlo pero es imprescindible a la hora de ayudar a un paciente con depresión. Tal desconocimiento convierte las mejores intenciones de estímulo en sobrecarga de angustia. La mejor ayuda pasa por procurar la consulta especializada. Esto requiere muchas veces sobrepasar algunos prejuicios. Cuanto más activa es una persona, le cuesta más reconocer que ahora no puede hacer lo que hacía antes. Ese doloroso reconocimiento muchas veces se interpreta como una falla personal que es vivida con culpa o vergüenza. El apoyo comprensivo del entorno debe insistir en que la voluntad ausente se recuperará con la ayuda del especialista que cuenta con los fármacos y las técnicas adecuadas para restablecer el equilibrio perdido. Se debe asumir la posibilidad que al igual que una fractura ocasionada por un accidente, la depresión puede ocurrirle a cualquier persona dependiendo de su base genética, sus habilidades para enfrentarse al estrés y de las circunstancias que lo rodean. El más fuerte puede encontrarse con circunstancias que superen sus mecanismos defensivos frente al estrés y ello no debe ser vergonzante, simplemente debe aceptarse la ayuda del médico al igual que se acepta un yeso que consolide una fractura. Una consulta precoz permite tratamientos más breves y con mejores resultados. La situación analizada corresponde a una ficción sobre hechos de la realidad de tal forma que cualquier semejanza es solo coincidencia |
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